26 abril 2010

La mujer habitada

Lavina guarda grandes espacios de silencio. Su mente tiene amplias regiones dormidas. Me sumergí en su presente y pude sentir visiones de su pasado. Cafetos, volcanes humeantes, manantiales, envueltos en la densa bruma de la nostalgia. Trata de entenderse a sí misma. Es complejo este surtidor de ecos y proyecciones. No logro encontrar un orden en la sucesión de imágenes que emanan estas superficies blancas y suaves. Me desconciertan y apabullan. Debo reposar. Mi espíritu está desasosegado.

15 abril 2010

la ilusión del control

"(...) al movimiento propio del montaje de escenas, lo inédito e impredecible está siempre presente como evidencia de que el control total y absoluto no es más que una mera ilusión y que la aplicación detallada de ideas ajenas nada garantiza."

Nicastro y Andreozzi

Cuando encuentres...


Cuando encuentres
que, ausente de la gente que nos mira y nos rodea,
enteramente lejos,
camino con los ojos en el suelo
por una calle azul, verde, cualquiera;

y digas mi nombre para acompañarme
y yo no conteste;
y busques razón valedera
para mi silencio, y no la halles,
te ruego que creas
que a veces los hombres andamos
con músicas raras,
por los laberintos de alguna tristeza,
por los recovecos oscuros y lentos
de la conciencia,
por sueños víejisimos que- de pronto- vuelven
a vivir con uno, como enredaderas.
A veces, los hombres tenemos
recuerdos vitales, dormidos, callados; raíces
dentro del cuerpo - debajo de esta
presumida y pobre cascara de tierra-
con las que debemos conservar a solas,
dialogar ausencias.

No quieras llamarme
cuando veas
que camino
con los ojos sobre los zapatos, esquivando el tiempo,
por una calle azul, verde, cualquiera.

Anzoategui. Poemas sin guitarra

hablo del silencio

Me siento, de pronto
hablando por última vez.
En el fondo de la memoria
busco las formas
que me dieron forma,
busco mi origen,
mi razón de ser.

Y es que en el fondo mismo
de mi memoria encuentro
un grito interminable,
un grito helado y eterno,
un grito poblando todo el silencio.

Anzoategui. Poemas sin guitarra. Ed Poetas Populares

07 abril 2010

Ser persona


"Me gusta ser persona, porque no esta dado como cierto, inequívoco, irrevocable que soy o seré decente, que manifestaré siempre gestos puros, que soy y seré justo, que respetaré a losa otros, que no mentiré escondiendo su valor porque la envidia de su presencia en el mundo me molesta y me llena de rabia. Me gusta ser persona porque sé que mi paso por el mundo no es algo predeterminado, prestablecido. Que mi "destino" no es un dato sino algo que necesita ser hecho y de cuya responsabilidad no puedo escapar. Me gusta ser persona porque la HIstoria en que me hago con los otros y de cuya hechura participo es un tiempo de posibilidades y no de determinismo. Eso explica que insista tanto en la problematización del futuro y que rechace su inexorabilidad."

Pablo Freire, 1996. Pedagogia de la Autonomia

Divorcio

Un sistema de desvínculos: para que los callados no se hagan preguntones, para que los opinados no se vuelvan opinadores. Para que no se junten los solos, ni junte el alma sus pedazos. El sistema divorcia la emoción y el pensamiento como divorcia el sexo y el amor, la vida íntima y la vida pública, el pasado y el presente. Si el pasado no tiene nada que decir al presente, la historia puede quedarse dormida, sin molestar, en el ropero donde el sistema guarda viejos disfraces.
El sistema nos vacía la memoria, o nos llena la memoria de basura, y así nos enseña a repetir la historia en lugar de hacerla. Las tragedias se repiten como farsas, anunciaba la célebre profecía. Pero entre nosotros, es peor: las tragedias se repiten como tragedias.

(Galeano, 1989. El libro de los Abrazos)

El mundo esta siendo

El mundo no es. El mundo está siendo. Mi papel en el mundo, como subjetividad curiosa, inteligente, interferidora en la objetividad con que dialécticamente me relaciono, no es sólo el de quien constata lo que ocurre sino también el de quien interviene como sujeto de ocurrencias
.
Paulo Freire, Pedagogía de la autonomía, 1997

02 abril 2010

El árbol de lilas. Maria Teresa Andruetto


El árbol de lilas

Por María Teresa Andruetto


I

Él se sentó a esperar bajo la sombra de un árbol florecido de lilas.
Pasó un señor rico y le preguntó: "¿Qué hace sentado bajo este árbol, en vez de trabajar y hacer dinero?"
Y el hombre le contestó:
"Espero."
Pasó una mujer hermosa y le preguntó: "¿Qué hace sentado bajo este árbol, en vez de conquistarme?"
Y el hombre le contestó:
"Espero."
Pasó un niño y le preguntó: "¿Qué hace Usted, señor, sentado bajo este árbol, en vez de jugar?"
Y el hombre le contestó:
"Espero."
Pasó la madre y le preguntó: "¿Qué hace este hijo mío, sentado bajo un árbol, en vez de ser feliz?"
Y el hombre le contestó:
"Espero."

II

Ella salió de su casa.
Cruzó la calle, atravesó la plaza y pasó junto al árbol florecido de lilas.
Miró rápidamente al hombre.
Al árbol.
Pero no se detuvo.
Había salido a buscar, y tenía prisa.
Él la vio pasar,
alejarse,
volverse pequeña,
desaparecer.
Y se quedó mirando el suelo nevado de lilas.
Ella fue por el mundo a buscar.
Por el mundo entero.
En el Este había un hombre con las manos de seda. Ella preguntó:
"¿Sos el que busco?"
"Lo siento, pero no.", dijo el hombre con las manos de seda. Y se marchó.
En el Norte había un hombre con los ojos de agua. Ella preguntó:
"¿Sos el que busco?"
"No lo creo, me voy.", dijo el hombre con los ojos de agua. Y se marchó.
En el Oeste había un hombre con los pies de alas. Ella preguntó:
"¿Sos el que busco?"
"Te esperaba hace tiempo, ahora no.", dijo el hombre con los pies de alas. Y se marchó.
En el Sur había un hombre con la voz quebrada. Ella preguntó:
"¿Sos el que busco?"
"No, no soy yo.", dijo el hombre con la voz quebrada. Y se marchó.

III

Ella siguió por el mundo buscando, por el mundo entero.
Una tarde, subiendo una cuesta, encontró a una gitana.
La gitana la miró y le dijo:
"El que buscas espera, bajo un árbol, en una plaza."
Ella recordó al hombre con los ojos de agua, al que tenía las manos de seda, al de los pies de alas y al que tenía la voz quebrada.
Y después se acordó de una plaza, de un árbol que tenía flores lilas, y del hombre que estaba sentado a su sombra.
Entonces se volvió sobre sus pasos, bajó la cuesta, y atravesó el mundo. El mundo entero.
Llegó a su pueblo, cruzó la plaza, caminó hasta el árbol y le preguntó al hombre que estaba sentado a su sombra:
"¿Qué hacés aquí, sentado bajo este árbol?"
Y el hombre dijo con la voz quebrada:
"Te espero."
Después él levantó la cabeza y ella vio que tenía los ojos de agua,
la acarició y ella supo que tenía las manos de seda,
la llevó a volar y ella supo que tenía también los pies de alas.

Uno y Siete. Gianni Rodari

He conocido un niño que era siete niños.
Vivía en Roma, se llamaba Pablo y su padre era tranviario.
Pero también vivía en París, se llamaba Jean y su padre trabajaba en una fábrica de automóviles.
Pero también vivía en Berlín, y allá se llamaba Kurt y su padre era profesor de violoncelo.
Pero también vivía en Moscú, se llamaba Yuri, como el astronauta Gagarin, y su padre era albañil y estudiaba matemáticas.
Pero también vivía en Nueva York, se llamaba Jimmy y su padre tenía una gasolinera.
¿Cuántos he dicho? Cinco. Faltan dos:
Uno se llamaba Chu, vivía en Shangai y su padre era pescador; el último se llamaba Pablo, vivía en Buenos Aires y su padre era pintor de brocha gorda.
Paolo, Jean, Kurt, Yuri, Jimmy, Chu y Pablo eran siete, pero eran a la vez el mismo niño que tenía ocho años, sabía leer y escribir e iba en bicicleta sin poner las manos en el manillar.
Paolo era moreno, Jean rubio y Kurt castaño, pero eran el mismo niño. Yuri tenía la piel blanca y Chu la piel amarilla, pero eran el mismo niño. Pablo iba al cine en español y Jimmy en inglés, pero eran el mismo niño y reían en el mismo idioma.
Ahora los siete son mayores y ya no podrán hacerse la guerra, porque los siete son un solo hombre.

(en: Cuentos por teléfono)

Trenes - María Teresa Andruetto / Istvansch


Juan era Juan.
Iba al norte en un tren amarillo.
Iba al norte en un tren.

María iba al sur.
Iba al sur en un tren de color azul.

Iba un tren.
Iba otro tren.

En un punto del camino,
los trenes se encontraron.

Juan miró a María:
los ojos claros,
el pelo oscuro,
la cara triste.

María miró a Juan:
los ojos negros,
el pelo rubio,
el rostro vivo.

Tanto se miraron
que Juan vio volverse verde
el tren azul
y María
vio volverse verde
el amarillo.

Tanto se miraron
que los trenes
tomaron la misma dirección.

ilustración de Istvansch