
Cuando encuentres
que, ausente de la gente que nos mira y nos rodea,
enteramente lejos,
camino con los ojos en el suelo
por una calle azul, verde, cualquiera;
y digas mi nombre para acompañarme
y yo no conteste;
y busques razón valedera
para mi silencio, y no la halles,
te ruego que creas
que a veces los hombres andamos
con músicas raras,
por los laberintos de alguna tristeza,
por los recovecos oscuros y lentos
de la conciencia,
por sueños víejisimos que- de pronto- vuelven
a vivir con uno, como enredaderas.
A veces, los hombres tenemos
recuerdos vitales, dormidos, callados; raíces
dentro del cuerpo - debajo de esta
presumida y pobre cascara de tierra-
con las que debemos conservar a solas,
dialogar ausencias.
No quieras llamarme
cuando veas
que camino
con los ojos sobre los zapatos, esquivando el tiempo,
por una calle azul, verde, cualquiera.
Anzoategui. Poemas sin guitarra
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