27 mayo 2010

escuchar

Escuchar es oir con atención;
es sentir con el cuerpo e interiormente lo que el otro está expresando;
es apertura primero interior, desde el corazón, que se manifestá en mi exterior, para recibir a un otro que viene a mi, que desea entrar y ser tan solo y simplemente acogido;
es volverse de rostro entero hacia el otro, que más que aprisionarlo con la mirada o estarse encima, quiere decir, quererlo con la reverencia de mi cuerpo y mi ser que se presenta vuelto hacia él, salido de sí mismo;
es más que oir la voz del que me habla, es a la vez, leer su mirada, su cuerpo, su postura, sus gestos, su tono de voz, el hilo conductor de sus palabras, y más allá de sus palabras, es leer su corazón, lo que lleva en su interior. La palabra "inteligencia", viene del latin: intus-legere: leer dentro. Es inteligente el hombre que sabe escuchar leyendo dentro del otro. Por eso, lo animales no escuchan porque no son inteligentes, sino solo oyen, sin saber más allá de lo que oyen.
Escuchar es no pensar, y me refiero, a que es tan solo abrir la mente en recepción a lo que el otro va a expresar, sin previo jucio o pre-juicio, sin respuestas o soluciones armadas como recetas fijas para todos. Porque si fuera así, entonces de qué sirve escuchar, no tiene valor en sí mismo, y es que olvidamos, que la simpleza de escuchar a un otro es acogerlo al mismo tiempo que lo elevo y dignifico, ya que, lo que esa persona me está diciendo tiene su valor en si mismo más allá de lo que yo pueda aportarle. Debo por amor al otro, primero hacerle saber con mi escucha lo importante y valioso que es; y aquí trascender a sus palabras para cerntrarme en su ser. Si yo he elegido, con la libertad que poseo, escuchar a tal persona particular, debo entonces comprometerme con todo lo que eso significa; pues también tengo la libertad de no escuchar a quienes considero puedan dañarme con algún mal. Esto último, negar la escucha a alguién, solo es por lo que dice y no por lo que es, pues sigue siendo tan digno y valioso como persona.
Escuchar es ponerme en el lugar del otro, es desear encarnar lo que el otro está viviendo y expresa, para recibirlo en mi, comprenderlo, consolarlo (con-solatio: estar con él que está solo), sostenerlo y exhortarlo.
Escuchar es servicio de caridad pura, gratuita, y desinteresadamente, que sencillamente recibe y ama al otro sin ir más lejos.
Escuchar a un otro no tan solo se refiere a otra persona distinta a mi, sino que el otro puede ser yo mismo. Pues estoy llamado primero a escucharme a mi mismo, antes que a nada, y penetrar con la escucha lo más intimo y profundo de mi ser. Lo dicho antes vale también para mi. Esto es amarme.
M.B.G. 2008

No hay comentarios:

Publicar un comentario